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La inercia se define como la tendencia de un objeto en movimiento a permanecer en movimiento, o un objeto en reposo a permanecer en reposo, a menos que actúe sobre él una fuerza. Esta es una propiedad física de los objetos inanimados, y se cuantificó en la primera ley del movimiento de Newton. Sin embargo, hay una inercia más allá de la física, más allá de los objetos inanimados. Es la inercia que está presente en nuestro comportamiento, manejando nuestra vida y que nos mantiene en movimiento en una cierta dirección a la cual queremos o no ir. Es posible que no te des cuenta, pero nos sucede a todos en algún momento.

Tomemos tu carrera o profesión como un ejemplo. ¿Por qué estudiaste lo que estudiaste? ¿Por qué te metiste en tu profesión? ¿Cuáles fueron las fuerzas que te empujaron o movieron a ello? Recién salido de la universidad existen una gran cantidad de fuerzas que te pueden poner en movimiento, como tus papás, los préstamos estudiantiles, los amigos, la novia, el qué dirán de mi, “es lo que hace la gente madura”, o lo que sea. No recuerdo qué me empujo a mi primer trabajo, pero probablemente fueron una combinación de fuerzas y no solo una en particular. Vale la pena aclarar que no todas las fuerzas que nos empujan son malas. Después de todo, las motivaciones, necesidades o deseos son fuerzas importantes en nuestras vidas. Solo el hecho de que algo nos empuje en una cierta dirección y nos ponga en marcha no es malo en sí mismo. Muy por el contrario, hay que encontrar las “fuerzas de empuje” que nos pongan en movimiento y que nos mantengan en una dirección o nos hagan cambiar de rumbo si es necesario.

En teoría, si quieres hacer algún cambio en tu vida, todo lo que tienes que hacer es encontrar la fuerza que pueda empujarte en la dirección correcta o en la dirección que deseas ir. La realidad es que no es así de simple. Más allá de la inercia existe otro concepto importante a considerar que es el momento. La definición de momento es el producto de la masa de un objeto por su velocidad. En términos simples, una enorme roca rodando por una montaña tiene un mayor momento que por ejemplo una pequeña canica rodando por la calle. Para detener la canica, el pie es suficiente. Si tratas de detener la roca por ti solo no te auguro mucho éxito. En resumen, los dos objetos tienen la propiedad física de la inercia, pero su momento es muy diferente.

Entonces, ¿qué genera momento en tu vida? La velocidad es obviamente un factor importante. Nos movemos tan rápido que casi no tenemos tiempo para pensar. Todos tenemos grandes exigencias de nuestro trabajo, nuestra pareja, nuestros amigos, nuestras comunidades, etc. La tecnología ha hecho más fácil mantenerse en contacto y participar en tantas cosas que nuestras vidas se están acelerando de una manera sorprendente y a veces incontrolable. El otro factor es la masa. Este es un concepto más difícil de entender, ya que puede abarcar muchas cosas que varían de persona a persona. Masa puede incluir los hábitos, costumbre, creencias, prejuicios, complejos, etc. Es el “equipaje” que llevamos en nuestras vidas producto de nuestro pasado, presente y futuro.

Si deseas hacer un cambio, un enfoque sería evaluar la magnitud de tu momento para que sepas cuánta fuerza se necesita aplicar para detener o cambiar de dirección. El otro podría ser reducir uno o ambos de estos factores, la velocidad y la masa, de manera que la fuerza que tengas que aplicar sea menor. Hay pros y contras en ambos. El primer enfoque es más rápido, pero con un mayor potencial para el desastre. Sin embargo, a veces no tienes otra opción. Cuando una pelota vuela directamente a tu cara no hay manera de reducir la velocidad de la pelota, lo único que puedes hacer es poner un guante en frente y atraparla o quitarte del medio. El segundo enfoque toma más tiempo, pero si se hace bien tiene una mayor probabilidad de tener buenos resultados. Las palabras claves aquí son “si se hace bien”. El problema con este enfoque es que tiene el potencial de arrastrarse por mucho tiempo si tienes problemas bajando la velocidad o identificando el tamaño de la masa.

La mayoría de las personas suelen seguir la segunda opción en la que tratamos de manejar uno o ambos de los factores. Ha sido mi experiencia que la velocidad es el factor más fácil de manejar. Hay muchas formas de reducir la velocidad, desde tomar algunos días libres para salir del trabajo, vacaciones, la práctica de la meditación, un hobby, etc. Sin embargo, la masa no es tan fácil de manipular. Hay muchos factores que se pueden incluir en ella. Sin embargo, si eres honesto evaluándote, uno de los principales factores incrementando tu masa puede ser el miedo. Sé que podría no ser el único factor, pero el miedo es generalmente el mayor obstáculo para el cambio. Si quieres progresar es imprescindible enfrentarlo.

¿De dónde viene el miedo? En su forma primaria, el miedo es un mecanismo de defensa. Un instinto que hemos desarrollado con el fin de preservar nuestra especie. El miedo nos alerta y prepara para el peligro con el fin de maximizar nuestras posibilidades de sobrevivencia. Es lo que nos provoca la reacción de huir o luchar. El miedo se genera ante la idea de estar expuesto. De entrar en algo que no conocemos o no tenemos bajo control. Tenemos miedo de ser diferentes. Miedo alimentado por aquellos que no quieren que cambiemos. Por los pesimistas. Las personas que tienen miedo al igual que tú, pero en lugar de reconocerlo y tratar de dominarlo encuentran consuelo en el status-quo. Te dirán que hay demasiado que perder. Pero nada podría estar más lejos de la verdad. Hay demasiado que perder si no se avanza. Hay demasiado en juego como para detenerse y ver la vida pasar simplemente por miedo. Dada la oportunidad nuestros instintos elegirán huir en lugar de luchar. Es por eso que nos escondemos, que nos convencemos a nosotros mismo o nos dejamos convencer de que no vale la pena el esfuerzo, de que no va a funcionar. Tenemos tantas excusas para no perseguir lo que queremos que cuando nos damos cuenta se paso nuestro valioso tiempo y todavía estamos estancados en el mismo lugar, haciendo las mismas cosas y deseando haber tenido el valor de perseguir algo que nos llene más.

Mi receta para vencer el miedo: exponte. No te des la oportunidad de huir. Ponte en una situación en donde el único remedio sea pelear. Comunícaselo a tus amigos. Dilo en un blog. Comprométete con tu pareja. Haz una apuesta grande. Claro, va a haber muchos que te critiquen y te juzguen. Si tienes suerte, algunos te apoyarán. Pero lo más importante es que al reconocer el miedo y exponerte normalizas el sentimiento de forma que lo puedas controlar.  Se dice que el valiente no es el que no tiene miedo, sino el que actúa a pesar de el. Así que sea lo que sea que estás planeando, actúa. Ahora. Reconoce el miedo y domínalo para que tengas una mejor oportunidad de reducir tu momento y contrarrestar la inercia; la inercia más allá de la física.

Patricio Ramal | NEVERMIND

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